Pedro Yagüe y Valentín Álvarez, dos genios de la iluminación de escena

Pedro Yagüe y Valentín Álvarez están afinando el diseño de iluminación de La Ternura de Alfredo Sanzol y Sueño de Andrés Lima, las comedias de Teatro de la Ciudad que se estrenarán prácticamente de forma conjunta en los escenarios de Teatro de la Abadía. Han iluminado algunos de los montajes más importantes del teatro español de los últimos tiempos, comparten un Premio Max por su trabajo en el montaje Urtain de la compañía Animalario. “La suerte que tenemos es que hemos codiseñado juntos en muchas ocasiones. Hemos trabajado juntos y hemos aprendido mutuamente. Pero el teatro español no tiene dinero para pagarnos lo que hacemos juntos…. Somos dos mentes diferentes pero muy complementarias… Lo que hemos hecho juntos ha resultado brutal siempre. Un hijo nuestro sería perfecto”, bromea Valentín Álvarez.

Es difícil que en estos tiempos se haga una división tan clara de lo que es comedia o no lo es. Teatro de la Ciudad quería abordar la comedia y sus creadores decidieron acercarse al universo de Shakespeare, padre de la comedia moderna, en la segunda temporada del proyecto de Teatro de la Ciudad. La Ternura y Sueño son dos espectáculos diferentes, que responden igualmente a la personalidad y al universo creador de sus directores y de sus respectivos equipos creativos.

Pedro Yagüe, responsable del diseño de iluminación de La Ternura de Alfredo Sanzol

Pedro Yagüe, responsable del diseño de iluminación de La Ternura de Alfredo Sanzol

Tanto La Ternura como Sueño parten de algo trágico para construirse sobre la comedia. El espectáculo de Sanzol habla de la ausencia de cariño, de caricias, de sentir el escalofrío en la piel cuando te roza alguien amado. Sueño trata de la visión que tiene del amor un viejo que cuenta sus últimos días. Cómo convertir estas trágicas historias en comedia y cómo hacerlo bañados por el espíritu y las obras de Shakespeare no es tarea fácil. Para poder llevarlo a buen puerto, tanto Sanzol como Lima se han rodeado de un nutrido grupo de profesionales junto a los que crean estos dos montajes y un tercer espectáculo con aires de happening que servirá de puente entre uno y otro, protagonizado por Dan Jemmett y Jesús Barranco.

Nos preguntamos en qué consiste el diseño de iluminación escénica y cómo es el proceso creativo de Pedro Yagüe y Valentín Álvarez… Dónde residen los lugares comunes que comparten ambos montajes y cuan diferentes son al mismo tiempo. “Iluminar la comedia no es más difícil ni más fácil que la tragedia”, explican casi al unísono: “Depende, sobre todo, del concepto que se cree desde la dirección, que es quien nos marca las pautas”.

Valentín Álvarez, responsable de iluminación de Sueño de Andrés Lima.

Valentín Álvarez, responsable de iluminación de Sueño de Andrés Lima.

“Erróneamente se piensa que en la comedia tiene menos importancia el hecho plástico o el uso de la luz. Y es un error, porque todo entra por los ojos. Afortunadamente, el teatro moderno que se hace en la actualidad ha desmontado todo eso”, afirma Valentín Álvarez. Para Pedro Yagüe, lo importante no es tanto que entremos en el mundo de la comedia como el concepto que se crea con la dirección artística: “A la hora de iluminar un espectáculo es importante el texto, el elenco, el vestuario, todo en su conjunto, pero cada director nos marca las pautas que nos conducen a crear el espacio y la atmósfera del espectáculo”.

Coincidencia

Ambos creadores tienen claro que aunque se parte de un texto lo más importante es la puesta en escena, la visualización que se hace de la interpretación de ese texto por parte del director. Valentín Álvarez se afana en entender cómo interpreta el director el texto: “No me gusta profundizar mucho en el texto sin conocer la idea del director. Realmente, para nuestro trabajo es más importante la puesta en escena que el texto. Con el tiempo he aprendido a no fijar las cosas demasiado pronto, porque entonces descartas y así nos perdemos cosas. Creo que no tengo que interpretar ese texto, lo que tengo que interpretar es la puesta en escena del director. Mi objetivo es conseguir que se visualice correctamente la imagen escénica que quiere el director”.

Ensayos de La Ternura, de Alfredo Sanzol.

Ensayos de La Ternura, de Alfredo Sanzol.

Para Yagüe, se trata de un proceso que comienza y no acaba hasta después del estreno: “Mi trabajo comienza, en este caso, con la llamada de Alfredo, con la lectura del texto y con la interpretación del director. Tras ese primer contacto siempre tenemos una reunión con el escenógrafo (en este caso Alejandro Andújar), una reunión esencial porque es fundamental a la hora de conocer el espacio en el que vamos a trabajar. A partir de ahí es cuando Alfredo Sanzol comienza a imaginar su universo. Tras los primeros ensayos y las primeras conversaciones con el director empezamos a trabajar en los bocetos del plano de luces. En ese punto nos empeñamos en conocer, en imaginar, en trabajar con los conceptos”.

Work in progress

En cierta forma, señala Pedro Yagüe, el iluminador recorre un camino paralelo al del director en el que es muy importante no descartar ideas hasta el final: “Lo bonito del teatro es que a veces, cuando tú crees que ya está todo definido, llegas una tarde a un ensayo y tienes la necesidad de plantearte las cosas de forma diferente. Es un proceso de largo recorrido, lleno de conversaciones con el equipo artístico, en realidad es una especie de work in progress”.

El universo del director

“Creo que en los textos de Alfredo Sanzol hay siempre un hilo común, aunque a veces sea difícil de definir. Son textos diferentes pero reconoces la mano de Alfredo. En La Ternura está claramente Shakespeare, pero bebe de La Respiración o de En la luna”, explica Pedro Yagüe. ¿Cuál es ese elemento común? Yagüe lo tiene claro: “El mundo de las relaciones humanas, lo que deriva de esas relaciones el amor, la amistad, el odio incluso, lo que nos puede suceder a cada uno de nosotros en las relaciones cotidianas”.

Un punto tragicómico

Como la vida, las relaciones humanas tienen un punto de tragicomedia: “La Ternura es un texto ante el que espectador va a reírse y se lo va a pasar muy bien, pero también tiene ese punto de reflexión en el que te das cuenta de que las relaciones humanas también tienen un punto trágico”. Ambos creadores coinciden en afirmar que están creando comedia con un punto trágico… A un mes de su estreno, Valentín Álvarez desentraña algunos detalles de Sueño, el espectáculo de Andrés Lima: “Es un montaje muy personal, lo ha escrito Andrés y está basado en diferentes momentos de su vida, con las referencias de Sueño de una noche de verano”. Sueño nos hablará del recuerdo de un tiempo pasado en la vida de una persona y la deconstrucción hacia la muerte. “Vamos a mostrar momentos de gloria frenética y felicidad de esa persona. Una comedia muy dramática como ha dicho Andrés”, señala Álvarez.

Ensayos de Sueño, de Andrés Lima.

Ensayos de Sueño, de Andrés Lima.

Espectáculos diferentes, directores diferentes, referentes diferentes a la hora de trabajar. Yagüe también explica que ha tratado de acercarse al universo de Shakespeare: “He indagado en montajes de la Royal Shakespeare Company. Antes de hacer el espectáculo suelo leer o ver películas que me ayuden a comprender, en este caso el mundo de las comedias de Shakespeare”. Sanzol es, en opinión de Pedro Yagüe, un director al que le gusta que los actores se vean bien, “no en todos los momentos de la obra, pero en casi todos. Alfredo sitúa a los actores en todos los espacios de la escena y cuando empiezas a trabajar con él aprendes que una de sus premisas es que los actores estén iluminados en todos los puntos del espacio. En cierta forma, es un elemento que te condiciona”.

A la hora de trabajar, Valentín Álvarez suele fijarse en las palabras con las que Andrés Lima explica su idea del montaje en los primeros encuentros: “Todo lo que se refiere a luz o imagen, todo, son palabras: brillo, saturación, color, penumbra, especular, espectral, oscuridad, reflejo, sombra, quemado, lucernario… Todo, cualquier hecho que imaginas en tu cabeza como imagen lo tenemos codificado en fonemas. Por lo tanto, la lengua, el pensamiento, va ligado a la imagen en el cerebro. Ese es mi punto de partida”. En Sueño, reconoce Álvarez, “estamos trabajando sobre un código cromático. A veces soñamos en color, otras en blanco y negro, tonos fríos, tonos calientes…”.

En La Ternura los tiros van en otra dirección: “Estamos muy condicionados por el espacio que iluminamos. Los espacios en los que nos desenvolvemos en La Ternura son un volcán, una isla, un galeón… También nos condiciona el vestuario y sus colores, verdemar, azulcielo…”, desvela Yagüe.

El texto, el director, el espacio, la escenografía o el vestuario son algunos de los elementos esenciales que marcan el trabajo del iluminador. ¿Lo más importante? “Es necesario que trabajemos juntos... La imagen, la escenografía, el vestuario… En el teatro moderno se crean a la vez. Yo no podría trabajar con quien piensa que primero se crea la escenografía y luego el iluminador ilumina la función. Es un error garrafal”, cuenta Valentín Álvarez.

El trabajo del iluminador comienza creando los primeros conceptos. “Es muy importante que el concepto de la imagen escénica que se crea junto al director y el escenógrafo surja a la vez, si no es así te pierdes todo. Por eso creo que la imagen escénica es algo más moderno que la imagen cinematográfica. Esta última parte de lo mecánico y la escénica de lo orgánico. Queda un universo por investigar”, asegura Valentín Álvarez que tiene también una larga trayectoria en el audiovisual.

¿El peor enemigo del iluminador?: “El tiempo (dice Valentín Álvarez); eso y la infraestructura, o los medios para desarrollar el trabajo”, apunta pedro Yagüe.

Los comentarios están cerrados.