Una diosa llamada Nuria Espert

“Debuté en el teatro a los 18 años con una Medea... Y para mí fue una inspiración, una liberación… Descubrí que yo podía, que podía dedicarme a hacer estas obras”. Nuria Espert participó en el debate del Taller Mito y Razón para regalar a los participantes una nueva y casi inesperada lección de teatro y de vida. La gran actriz confesaba su pasión por la tragedia grecolatina y explicaba que, para ella, esas grandes obras no se pueden entender sin el coro: “Imprescindible… No concibo la tragedia sin el coro, me parecería como si la obra y la historia bajaran varios peldaños”.

Nuria Espert, en primer plano, entre Mario Gas y Miguel del Arco

Nuria Espert, en primer plano, entre Mario Gas y Miguel del Arco

En el fondo de esos versos sutiles siempre hay una historia, un texto de cosas no dichas. “Coros los he visto de todos los colores y formas; me gustan todos, excepto cuando todos hablan al mismo tiempo porque no se entiende nada”, aseguró la actriz y directora que hasta hace unos días ha estado representando La violación de Lucrecia en el mismo Teatro de la Abadía que nos acoge, en un montaje bajo la dirección de Miguel del Arco.

Habló Nuria Espert de su experiencia como actriz y directora en múltiples propuestas clásicas, tanto en teatro como en ópera. Nos habló de sus gustos por el teatro y los intérpretes ingleses, de las versiones japonesas de esas tragedias griegas, de su experiencia con la Medea de Eurípides y Séneca (que ha llevado a escena en varias ocasiones  bajo la dirección de Tamayo, Armando Moreno, Luis Pasqual…), volvió a rescatarnos el nombre de Juan Germán Schroeder y su hermosa versión en endecasílabos maravillosos: “Tiene lo mejor de ambos (Eurípides y Séneca), los conjuros son los de Séneca, como su violencia…”. Y también evocó sus colaboraciones con otros grandes personajes de la escena mundial, como el director Michael Cacoyannis o la actriz griega Irene Papas… Grecia, de nuevo.

Y tras la charla, volvimos a investigar alrededor del coro y la tragedia.

Y tras la charla, volvimos a investigar alrededor del coro y la tragedia.

“Creo que, cuando en España hemos hecho esas tragedias, nos ha faltado electricidad… Lo que queda de las tragedias griegas es esa profundidad de los personajes y de sus conflictos “, comentaba Nuria Espert, cuyo conocimiento y sabiduría le llevaba a recomendarnos: “Si vamos a hacer de nuevo una de esas obras hay que saber que podemos vibrar con las mismas cosas, pero debemos rodearnos de una atmósfera diferente, de nuestro tiempo. Así podremos llegar a la catarsis de entonces”.

La lección de teatro continuaba… El teatro griego es “no convencional”. Posee una ambición escénica a la que ahora se ha “renunciado”. La ambición temática lleva consigo también el riesgo de una ambición formal. “Es verdad que eso dificulta su comprensión, pero cuando consigues entrar, el viaje y placer es total”, añadió. En esa línea intervino también el director Mario Gas, que recordó que los sustratos de las grandes tragedias grecolatinas perviven hoy y habló del paso de tiempo, “un bálsamo para algunas obras… Me pregunto: ¿eran conscientes esos autores  de la significación, de la trascendencia o de la repercusión histórica que iban a tener sus obras siglos después?”.

Ciego, fuego, ira, muerte... Trabajando el coro en Medea

Ciego, fuego, ira, muerte... Trabajando el coro en Medea

El actor Israel Elejalde también afirmó que esa ambición de la que hablaba Nuria era, a su juicio, lo mejor que tienen esas obras. Y entonces, el debate pasó a la inevitable reflexión moral sobre Medea. De nuevo, lógicamente, se analizó la muerte de sus hijos y cómo influía en el espectador. La voz de Nuria Espert volvió a apoderarse de los asistentes… Sí, la decisión de enviar a la muerte a sus propios hijos es negativa, pero su experiencia le decía que a la mayoría de las mujeres les parecía una decisión necesaria: “No quiere decir que esas mujeres vayan a matar a sus hijos…”. De ahí que, “yo no he vivido la sensación de que las mujeres piensen que Medea es un monstruo”.

Y hablamos de vida... Nuria Espert aseguró que los hijos son diferentes para los hombres y las mujeres, para los padres y las madres. “El amor por los hijos puede ser igual, pero hay algo en el vientre que tiene que ver con dar la vida, con la naturaleza, con parir que lo hace todo diferente”, decía ayer en la Sala José Luis Alonso la actriz española. El autor ha colocado a Medea en una situación sin retorno, “luego le toca a los actores entenderlo y hacer que el público entienda que también se trata de un acto de amor. En cierta forma, al asesinarlos los está salvando”. Medea habla de traición, pero no de la traición de cama… Es la traición “profunda”, por eso el horror y el terror después "traspasan todos los límites".

El sufrimiento y las heridas de Medea son de una profundidad tal que hace que su decisión sea irremediable, “no hay otra solución… Y todo dicho con una belleza extraordinaria y una gran feminidad. Medea es una obra maravillosa, con unos coros reivindicativos y feministas que han abierto caminos para las mujeres”.

Y hablando de la grandeza del personaje, lanzó una recomendación a Andrés Lima, que tiene el proyecto de montarla. Para bien o para mal, Medea es muy grande, generadora de contradicciones y por momentos espeluznante: “Siempre defiendo que en teatro los intérpretes y el director son lo más importante, pero no podrás evitar que Medea mande muchísimo. No podrás intervenir mucho en la concepción del personaje, es inevitable”.

Y tras la lección, se hizo necesario el descanso. Y después, volvimos a trabajar en la escena. Pero todos seguíamos aún agitados por la inteligencia de Nuria Espert.

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