Más allá de la experiencia puramente teatral

Las instalaciones del Teatro de la Abadía han servido de nuevo para acogernos en una nueva iniciativa de Teatro de la Ciudad, que celebró a final de octubre un Taller de Dramaturgia donde hemos hablado e investigado acerca de los grandes mitos de la tragedia griega. El taller, coodirigido por Miguel del Arco, Andrés Lima y Alfredo Sanzol, nos ha servido para ahondar en el conocimiento del teatro antiguo y, sobre todo, en el análisis de los problemas que la puesta en escena de esas obras milenarias nos plantean en la actualidad.

Bernardo Souvirón, Andrés Lima, Alredo Sanzol y José Padilla.

Bernardo Souvirón, Andrés Lima, Alredo Sanzol y José Padilla.

Teatro de la Ciudad va a poner en escena el año próximo Medea, Antígona y Edipo, un proyecto que va más allá de la experiencia puramente teatral. Por eso nos hemos rodeado de expertos del mundo clásico, como el filólogo Bernardo Souvirón o la profesora de la Resad Ana Isabel Fernández, que junto a autores contemporáneos (Juan Mayorga, José Padilla, Juan Cavestany o José Sanchís Sinisterra) nos han dado su versión de las cosas. A través de su conocimiento hemos ido desmenuzando la mirada de esos personajes que tan incrustados permanecen en nuestra piel, de sus dioses y de sus mitos…. y nos han ayudado a entender mejor esa vieja civilización basada en la palabra.

Juan Cavestany escucha las palabras de Miguel del Arco.

Juan Cavestany escucha las palabras de Miguel del Arco.

Decía Juan Mayorga en su primera intervención que ver a los tres directores juntos, trabajando simultáneamente en un proyecto conjunto, le producía un gran entusiasmo, sentimiento directamente proporcional a la insatisfacción que confesaba haber padecido con muchas traducciones de esas maravillosas obras clásicas, textos masivos e inagotables que reflejaban el poder de la palabra en las civilizaciones antiguas.

Los oyentes tomaron también la palabra durante las jornadas del taller.

Los oyentes tomaron también la palabra durante las jornadas del taller.

Pues alrededor de ese entusiasmo y centrados en la preocupación y la responsabilidad de actualizar esos clásicos pasamos cuatro intensas mañanas de trabajo, hablando y escuchando, reflexionando sobre el significado y la belleza de esas obras, sobre el secreto inmortal que atesora la escritura antigua.

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