Un placer como experiencia

Tercer día de trabajo en el Taller Mito y Razón del Teatro de la Ciudad… Ha resultado una auténtica maravilla escuchar al autor y traductor Alberto Conejero hablar del teatro griego, del origen de la tragedia, de cómo sonaba el coro, de su formación en escena, de la acústica de los espacios de entonces, de musicalidad, de máscaras, de la organización en escena, de cómo la primacía de la palabra sobre la música terminó condenando al coro...

“El coro y la orquesta suponen el origen del teatro griego… Luego apareció la escena como hoy la entendemos”, explicaba Alberto Conejero, que también repasó la evolución del coro en diferentes etapas y su transformación con el paso de las vanguardias, la importancia de las guerras Grecia/Troya/Mundiales… El concepto evoluciona con el teatro del absurdo, Ionesco, Beckett, el efecto de las vanguardias....

El debate continúa en el Taller Mito y Razón.

El debate continúa en el Taller Mito y Razón.

Coro, comunidad, asamblea… Todo está relacionado. Conejero defendió que el teatro, desde lo poético, desde el arte, no puede perder su dimensión o su papel en la comunidad, el imaginario colectivo, el sentido comunitario… “El ciudadano debe vivir en el teatro una experiencia artística y política… No olvidemos que mientras en la Grecia clásica al teatro asistían los políticos hoy nos cuesta mucho verlos en un teatro… Y así hoy vemos en España una comunidad fragmentada…”.

El teatro, en palabras de Alberto Conejero, nos debe llenar de dudas, de reflexión, siempre desde el imaginario colectivo. “Ser consciente de la ausencia de una colectividad es interesante para crear coralidades… Como también es muy interesante un coro de voces discordantes”, dijo el autor y traductor.

La traducción de las grandes obras clásicas también dejó reflexiones muy interesantes. “A veces es muy complicado leer las traducciones, parece que nos estén escritas en castellano...”.  Otra: “Tradicionalmente, las traducciones se han hecho a partir de los condicionantes filológicos”. Otra más: “Hay que empezar a traducir las tragedias pensando en la escena”.

“En la traducción hay que operar desde la libertad creativa y el profundo respeto… Pero queramos o no, el paso del tiempo ha afectado el texto. Entonces hay que saber qué comunica con el espectador de hoy y qué elementos no… Sin duda, somos traductores del lenguaje, pero también del tiempo, por lo que tenemos que reflexionar también sobre el contexto actual, saber qué referentes dramatúrgicos funcionan y son acordes con el contexto que nos toca vivir… eso hará que lleguemos al público”, aventuró Alberto Conejero.

Jugar, repetir, volver a intentar, exponerse...

Jugar, repetir, volver a intentar, exponerse...

También nos ayudaron las reflexiones de Mario Gas, que recomendaba huir del exceso de didactismo y habló de creer en la potencia del texto… Miguel del Arco, por su parte, ahondó en el debate y reconoció que a veces, cuando trabaja en un texto clásico, hay cosas que no entiende “sintácticamente” y resaltó la complicación que generan trabajar “demasiado cerca del texto base”, poco operativo para el lector aunque  sirva para el ejercicio filológico. Conejero terció de nuevo con una recomendación: trabajar desde las versiones del griego moderno, desde la traducción interlingüística: “En Grecia no se entiende el griego moderno, así que han hecho un esfuerzo mucho más libre… Quién mejor que ellos para revisar sus textos clásicos…”.

Alfredo Sanzol llevó el debate hacia cómo trabajar la musicalidad del texto, del coro, desde la acción definida por las palabras y habló del valor dramatúrgico de narración que posee la música, mientras que el actor Rulo Pardo ahondó sobre la experiencia estética de la música, no sólo como vía narrativa. “El teatro griego era un espectáculo eminentemente musical, de una intensidad sensorial espectacular. Y es que cuando suena la música los sentidos se dejan arrastrar”, concluyó Conejero.

Y en ese debate, el de la experiencia musical, también intervino Jaume Manresa, que vino a recordarnos que la música hoy en día no sólo son partituras escritas, no sólo es melodía: “No nos limitemos a las siete notas de una escala, la música es muchas cosas más, ruido, pausa…”.

La mañana fue intensa y emocionante… Dialogar, aprender, probar, equivocarse, volver a intentar, preguntar, jugar, repetir, exponerse. Son palabras de Miguel del Arco. “El taller está siendo un auténtico placer”. Dicho queda.

 

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